
El Barcelona fue un equipo sin profundidad, con demasiados pases en horizontal y casi totalmente previsible que se encontró con un Glasgow aburrido, apático y todos los calificativos sinónimos de lento y reservón que se os ocurran. Los Rangers consiguieron su objetivo que era perder por menos de tres a cero.
El Barcelona hizo lo que tenía que hacer, no caer en el juego lento y monótono del Glasgow, presionar arriba y funcionar bien con la defensa. Una vez marcados dos goles no arriesgar más que lo necesario y seguir controlando el partido sin dejarles tener la pelota.
confirmando, por ahora, que lo del día del Betis no había sido un bonito sueño. Estuvo, se ofreció, encaró y remató y volvió a:
